domingo, 30 de enero de 2011
domingo, 9 de enero de 2011
viernes, 7 de enero de 2011
La segunda vida de las flores
Dicen en Japón que algunas plantas tienen dos vidas: la que les dio la naturaleza y la que les concede el ikebana, el antiguo arte de hacer composiciones florales. Seis siglos después de su nacimiento, sigue siendo seña de identidad de la cultura nipona.
El objetivo es transmitir equilibrio y armonía con combinaciones de ramas, hojas y flores de todo tipo. El origen de esta práctica no está del todo claro. Se cree que, antes de la llegada del budismo, los fieles sintoístas ya utilizaban las flores para acompañar sus oraciones porque creían que tenían el poder de hacer, de algún modo, revivir las almas de los fallecidos.
También los monjes budistas hicieron posteriormente este tipo de arreglos naturales en Japón, con flores que disponían cuidadosamente en las ofrendas a las almas de los fallecidos. Ello dio al ikebana un carácter espiritual que mantiene hasta hoy.
Aunque con raíces en el siglo XIV, los primeros estilos clásicos reconocidos surgieron en el siglo XV, cuando los arreglos florales comenzaron a reconocerse como un arte independiente al margen de su utilización en la religión. Pese a ello el ikebana mantuvo su dimensión simbólica y filosófica, y de hecho sus primeros profesores y estudiantes eran sacerdotes o miembros de la nobleza japonesa.
La primera escuela reconocida de ikebana fue la de Ikenobo, fundada por un monje budista de Kioto, Ikenobo Senno, especializado en las composiciones florales que adornaban los altares.
Con el paso del tiempo surgieron diferentes corrientes y el ikebana se convirtió en un arte reconocido en todas las esferas y jerarquías de la sociedad nipona.
En la actualidad hay muchas escuelas de ikebana, con estilos diferentes pero algunos rasgos comunes. La mayoría pone el acento en el ritmo, la línea y el color, y sigue unas pautas fijas: además de flores se puede utilizar cualquier material vegetal, desde ramas a hojas, raíces o frutos. Las hojas de colores extraños, semillas y brotes pueden ser tan valiosos como las flores. Y un trabajo puede estar compuesto de uno o muchos materiales, aunque la selección de cada uno requiere de un ojo experimentado.

"Somos muy conscientes de que la flor muere en el momento en que es arrancada. El ikebana la hace revivir", explica Itoh Teika, artista de ikebana contemporáneo en Tokio. Las obras de esta maestra van mas allá de los arreglos aparentemente sencillos colocados en jarrones.
Con hojas multicolores, ramas secas e hilos transparentes, Itoh Teika es capaz de transformar una sala de exposiciones en un lugar envuelto por la naturaleza, con cientos de hojas aparentemente suspendidas en el aire como si de una lluvia vegetal se tratara.
Aunque crear una composición puede llevarle semanas, ella es muy consciente de que se trata de arte efímero. "Pueden durar entre una semana y un mes", detalla. Para sus creaciones, elige flores duraderas o las seca para utilizarlas en la composición.
El ikebana contemporáneo de Itoh bebe de la escuela Ohara, nacida a principios del siglo XX. Su fundador fue Unshin Ohara, un escultor de Matsue, en el oeste de Japón, que buscaba nuevos medios para expresar la belleza de lo natural. Sus técnicas innovadoras dieron lugar al llamado "Moribana", literalmente "flores apiladas", que marcó el inicio del ikebana moderno.
"El tipo de flores depende de la estación; normalmente son de época, y las elijo en función de la escultura en la que vaya a trabajar", detalla Itoh, mientras observa cómo media decena de sus alumnas colocan flores cuidadosamente en su taller de Tokio.

Entre sus aprendices está Haruko Hamada, quien se dedica a crear composiciones florales basadas en el ikebana contemporáneo para decorar desde galerías de arte a escaparates o todo tipo de eventos. "Se trata de crear espacios. Mientras en Europa, por ejemplo, los arreglos consisten en rellenar recipientes con flores, en el ikebana el objetivo es crear espacios nuevos", señala Hamada,
"Es de alguna manera un modo de crear aire", dice por su parte Teika Itoh, que con motivo de la Expo de Zaragoza en 2008 expuso en el Instituto Cervantes de la capital nipona una enorme esfera, hecha con ramas y flores, que ocupaba una gran sala. "Lo que se busca es crear un encuentro con la naturaleza", subraya.
En las últimas décadas el ikebana ha tomado innumerables caminos, desde los que siguen al pie de la letra la antigua tradición hasta los más modernos, especialmente porque "ahora se consiguen en Japón flores que antes no había, hay más variedad", añade Itoh.
Aunque el ikebana se contemplaba hasta hace poco como un arte femenino -hasta 1960, de hecho, se consideraba que era algo que todas las mujeres debían aprender antes del matrimonio-, cada vez hay más hombres que se dedican a ello. Y, al contrario de lo que podría parecer, el frenético ritmo de la vida urbana ha hecho que haya más gente que se vuelque en este arte."Buscan el retorno a la naturaleza como vía de evasión del cemento, de lo urbano", asegura Itoh.
DESTACADOS:
- El objetivo es transmitir equilibrio y armonía con combinaciones de ramas, hojas y flores de todo tipo. El origen de esta práctica no está del todo claro. Se cree que, antes de la llegada del budismo, los fieles sintoístas ya utilizaban las flores para acompañar sus oraciones.
- Con hojas multicolores, ramas secas e hilos transparentes, Itoh Teika es capaz de transformar una sala de exposiciones en un lugar envuelto por la naturaleza, con cientos de hojas aparentemente suspendidas en el aire como si de una lluvia vegetal se tratara.
- Aunque el ikebana se contemplaba hasta hace poco como un arte femenino -hasta 1960, de hecho, se consideraba que era algo que todas las mujeres debían aprender antes del matrimonio-, cada vez hay más hombres que se dedican a ello.
El objetivo es transmitir equilibrio y armonía con combinaciones de ramas, hojas y flores de todo tipo. El origen de esta práctica no está del todo claro. Se cree que, antes de la llegada del budismo, los fieles sintoístas ya utilizaban las flores para acompañar sus oraciones porque creían que tenían el poder de hacer, de algún modo, revivir las almas de los fallecidos.
También los monjes budistas hicieron posteriormente este tipo de arreglos naturales en Japón, con flores que disponían cuidadosamente en las ofrendas a las almas de los fallecidos. Ello dio al ikebana un carácter espiritual que mantiene hasta hoy.
Aunque con raíces en el siglo XIV, los primeros estilos clásicos reconocidos surgieron en el siglo XV, cuando los arreglos florales comenzaron a reconocerse como un arte independiente al margen de su utilización en la religión. Pese a ello el ikebana mantuvo su dimensión simbólica y filosófica, y de hecho sus primeros profesores y estudiantes eran sacerdotes o miembros de la nobleza japonesa.
La primera escuela reconocida de ikebana fue la de Ikenobo, fundada por un monje budista de Kioto, Ikenobo Senno, especializado en las composiciones florales que adornaban los altares.
Con el paso del tiempo surgieron diferentes corrientes y el ikebana se convirtió en un arte reconocido en todas las esferas y jerarquías de la sociedad nipona.
En la actualidad hay muchas escuelas de ikebana, con estilos diferentes pero algunos rasgos comunes. La mayoría pone el acento en el ritmo, la línea y el color, y sigue unas pautas fijas: además de flores se puede utilizar cualquier material vegetal, desde ramas a hojas, raíces o frutos. Las hojas de colores extraños, semillas y brotes pueden ser tan valiosos como las flores. Y un trabajo puede estar compuesto de uno o muchos materiales, aunque la selección de cada uno requiere de un ojo experimentado.

"Somos muy conscientes de que la flor muere en el momento en que es arrancada. El ikebana la hace revivir", explica Itoh Teika, artista de ikebana contemporáneo en Tokio. Las obras de esta maestra van mas allá de los arreglos aparentemente sencillos colocados en jarrones.
Con hojas multicolores, ramas secas e hilos transparentes, Itoh Teika es capaz de transformar una sala de exposiciones en un lugar envuelto por la naturaleza, con cientos de hojas aparentemente suspendidas en el aire como si de una lluvia vegetal se tratara.
Aunque crear una composición puede llevarle semanas, ella es muy consciente de que se trata de arte efímero. "Pueden durar entre una semana y un mes", detalla. Para sus creaciones, elige flores duraderas o las seca para utilizarlas en la composición.
El ikebana contemporáneo de Itoh bebe de la escuela Ohara, nacida a principios del siglo XX. Su fundador fue Unshin Ohara, un escultor de Matsue, en el oeste de Japón, que buscaba nuevos medios para expresar la belleza de lo natural. Sus técnicas innovadoras dieron lugar al llamado "Moribana", literalmente "flores apiladas", que marcó el inicio del ikebana moderno.
"El tipo de flores depende de la estación; normalmente son de época, y las elijo en función de la escultura en la que vaya a trabajar", detalla Itoh, mientras observa cómo media decena de sus alumnas colocan flores cuidadosamente en su taller de Tokio.

Entre sus aprendices está Haruko Hamada, quien se dedica a crear composiciones florales basadas en el ikebana contemporáneo para decorar desde galerías de arte a escaparates o todo tipo de eventos. "Se trata de crear espacios. Mientras en Europa, por ejemplo, los arreglos consisten en rellenar recipientes con flores, en el ikebana el objetivo es crear espacios nuevos", señala Hamada,
"Es de alguna manera un modo de crear aire", dice por su parte Teika Itoh, que con motivo de la Expo de Zaragoza en 2008 expuso en el Instituto Cervantes de la capital nipona una enorme esfera, hecha con ramas y flores, que ocupaba una gran sala. "Lo que se busca es crear un encuentro con la naturaleza", subraya.
En las últimas décadas el ikebana ha tomado innumerables caminos, desde los que siguen al pie de la letra la antigua tradición hasta los más modernos, especialmente porque "ahora se consiguen en Japón flores que antes no había, hay más variedad", añade Itoh.
Aunque el ikebana se contemplaba hasta hace poco como un arte femenino -hasta 1960, de hecho, se consideraba que era algo que todas las mujeres debían aprender antes del matrimonio-, cada vez hay más hombres que se dedican a ello. Y, al contrario de lo que podría parecer, el frenético ritmo de la vida urbana ha hecho que haya más gente que se vuelque en este arte."Buscan el retorno a la naturaleza como vía de evasión del cemento, de lo urbano", asegura Itoh.
DESTACADOS:
- El objetivo es transmitir equilibrio y armonía con combinaciones de ramas, hojas y flores de todo tipo. El origen de esta práctica no está del todo claro. Se cree que, antes de la llegada del budismo, los fieles sintoístas ya utilizaban las flores para acompañar sus oraciones.
- Con hojas multicolores, ramas secas e hilos transparentes, Itoh Teika es capaz de transformar una sala de exposiciones en un lugar envuelto por la naturaleza, con cientos de hojas aparentemente suspendidas en el aire como si de una lluvia vegetal se tratara.
- Aunque el ikebana se contemplaba hasta hace poco como un arte femenino -hasta 1960, de hecho, se consideraba que era algo que todas las mujeres debían aprender antes del matrimonio-, cada vez hay más hombres que se dedican a ello.
martes, 4 de enero de 2011
creación de un logo
Desde que se colgó lo que será la fútura página web, ya luce el logo que he querido que sea simple pero al mismo tiempo lleno de simbolismo ...
martes, 21 de diciembre de 2010
jueves, 9 de diciembre de 2010
En un principio surgió como una necesidad religiosa. Sirvió de adorno a los templos budistas (Rica), luego se usó como fondo decorativo para las ceremonias del té (Chabana) y fue evolucionando y tomando otros nombres.
Hacia el año 1850 aquel arte reservado hasta entonces para la Corte y la religión, se populariza bajo el nombre de Seika.
A principios del siglo XX surge el Moribana, pujante en su concepción moderna, y para finalizar, en los últimos años se ven arreglos estilizados, en los que incluso se omite el uso de flores para sustituirlas por objetos, con lo cual ya se tergiversa el verdadero sentido del ikebana.
Como todo arte, el ikebana es una puerta de evasión del mundo agitado, de la vida difícil. Hallar en la forma, en el color, la gracia de la naturaleza, lograr con un mínimo de ramas o de flore un máximo de belleza y armonía, concentrarse en sí mismo para poder concebir una nueva expresión de hermosura, he ahí el fin del ikebana.
El ikebana está regido por una serie de reglas básicas que deben ser bien asimiladas antes de aventurarse en realizaciones más osadas. Estas reglas, estos principios, no significan una restricción, sino que imponen un orden, una disciplina que la embellece.
Es común que apenas iniciados en este arte tengamos deseos de innovar y crear conjuntos originales, pero esto es factible solamente cuando se han asimilado todo los fundamentos del ikebana.
Etimológicamente, la palabra ikebana se puede descomponer en dos partes:
- ikeru, que significa conservar vivo, y
- hana, cuya traducción es flor.
Es decir, que es el arte por medio del cual se introduce un trozo de la naturaleza en nuestro hogar, y se lo conserva vivo.
Por primera vez en la historia del arte, introducimos y “conservamos viva” la naturaleza en nuestro hogar.
Se han captado imágenes muy bellas a través del dibujo, la pintura y la escultura, muy sutiles en la poesía, muy fieles con la fotografía, pero con el ikebana buscamos reproducir (no copiar) un trozo de la naturaleza, y la conservamos viva por unos días en un rincón de nuestro hogar.
He aquí su valor, y su fundamental diferencia con las otras ramas del arte.
Fuente: “Ikebana, arreglo floral”, Editorial Contémpora.
miércoles, 8 de diciembre de 2010
Expresar mucho con muy poco
Uno de los significados de la palabra ikebana o arte floral japonés, es que son flores que adquieren vida. La palabra Ike viene de colocar, ordenar, volver vivo o encontrar la verdadera esencia, y bana de hana, flor o planta, dar vida o sentimiento. Ya veis una palabra tan simple lo compleja y profunda que puede llegar a ser. La misión del ikebana es un camino de iluminación, una de sus funciones es la de elevar la conciencia y la espiritualidad. También se usa simplemente como arte decorativo minimalista, hoy en día muy usado en casas modernas.
Es uno de los artes más tradicionales del Japón que se practica desde hace más de 600 años. Se fusionó de la admiración que tenían los japoneses por la naturaleza influenciados por la religión sintoísta y de la introducción del budismo por chinos. Estos últimos tenían la costumbre de ofrecer flores en los altares, de estos arreglos florales de los altares fue derivando al ikebana con el tiempo. En un principio eran centros muy elaborados llamados rika, creando un paisaje con flores erguidas y después los arreglos shoka, placidas flores vivientes. En cambio en la actualidad hay estilos más fáciles de elaborar como el moribana, flores agrupadas o centros con recipientes bajos.
Espacio agua limpia, normalmente en verano se deja ver el agua porque da frescor, en cambio en invierno se cubre con hojas u otro material. Es conveniente que el arreglo no este en un lugar repleto de objetos, ya que por si mismo crea un ambiente y cuanto más vacío, el arreglo gana en presencia. Es conveniente revisar el arreglo cada dos días para renovar el agua o quitar hojas o flores marchitas. Estos arreglos, crean un espacio de serenidad y armonía en el lugar donde se ubican.
Hoy en día hay muchas escuelas de ikebana por todo el mundo, una de las más conocidas es la escuela ikenobo, aún siendo todas escuelas de ikebana, hay pequeñas diferencias entre ellas a la hora de elaborar los centros florales. Cuando se elabora un arreglo floral ikebana, se representa en tres líneas básicas que todo en su conjunto representa el universo. Éste está representado con tres líneas o ramas símbolo, la más larga representa el cielo, la segunda es el hombre y la tercera, la más pequeña es la tierra que forma el arreglo como un microcosmos. Las dimensiones de cada uno dependerán del recipiente donde se haga el arreglo. Se acompañan a cada una de estas tres ramas tres flores principales, que dan color y armonía al arreglo. Para terminar se añaden hojas que dan equilibrio.
Cuando se trata de recipientes bajos en forma de plato, estas flores están sujetas por una pieza metálica bastante pesada con púas, llamado kenzan. El Kenzan sirve para sujetar el tallo y peso de la rama o flor, con él se le pueden dar la dirección más recta o inclinada según se desee. Además estas púas airean la base del tallo y permiten que entre más agua, favoreciendo que permanezcan vivas más tiempo.
Expresar mucho con muy poco. Es un arte estacional donde se mezclan diferentes elementos según la época del año en todas sus fases; brotes, frutos, semillas, ramas con líquenes, etc expresan emociones de estas estaciones, sugerencias del pasado, presente y futuro. Es muy importante en ikebana representar el ciclo de la vida y la muerte, viendo la totalidad de la naturaleza. Esto viene por la influencia del movimiento zen en Japón, también llamado wabi sabi o arte de la impermanencia. Es interesante tener en cuenta varios requisitos de esta filosofía para hacer ikebana, como que el universo esta en constante movimiento y ello se ha de reflejar en el arreglo mediante ramas secas que pueden representar el pasado o ramas con yemas sin abrirse como representación del futuro. Esto genera una serena contemplación de la fugacidad de todo y al contemplar este hecho nuestra visión cambia indiscutiblemente.
Existen unos métodos de alargar la vida de la flores, si conocemos el syusho, es decir, las características del desarrollo de la flor, mayor partido le sacaremos, aprovechando su forma y naturalidad. La manera de cortar las flores es importante para que se conserve mucho más tiempo; las ramas se cortan en bisel, es mejor cortar la rama dentro de una cubeta de agua para que queden en ella burbujas de aire, sobre todo no cortarlas en los nudos de las plantas ya que en estos no absorben tan bien el agua. En el caso que se nos hayan puesto mustias lo más aconsejable es inundarlas en cubo de agua toda la noche y al día siguiente estarán perfectas. Es conveniente de vez en cuando rociar las flores y hojas con agua para dar aspecto de frescor, sobretodo en verano.
El recipiente, parte del arreglo, es tan importante como las flores, el tamaño, la forma, color y la textura. Todo ha de tomarse como un conjunto que deberá combinar las flores y los otros materiales naturales. Su tamaño estará de acuerdo al espacio donde tenga que colocarse y los materiales serán cortados en proporción a su tamaño, es importante usar gran variedad de ellos para no limitar nuestra creatividad.
Hay bastantes estilos pero destacaremos dos el moribana, que son arreglos alegres, con flores de colores, hechos en recipientes bajos, platos, cuencos, etc; en los cuales se usa normalmente como fijador el kenzan.
Otro estilo muy conocido es el nageire flores arrojadas o lanzadas dentro del florero, se hace en recipientes o jarrones altos. En este no se usa el kenzan, se apoyan las mismas ramas en forma de palanca dentro del mismo recipiente, al principio cuesta un poquito, pero es cuestión de ir practicando.
Para iniciarnos al ikebana es conveniente tener un profesor para aprender las reglas básicas y lanzarnos a la práctica diaria. Veremos que con el tiempo los arreglos adquieren más armonía al igual que nosotros mismos por el hecho de practicarlo nos produce un cambio interior. Para realizar el arte floral Ikebana, básicamente necesitamos de tres materiales que se fabrican artesanalmente en el Japón. El nombre de estos cambia según la escuela: 1)Tijeras para corte de flor Ikenobo o hasami. 2) el sujetador con púas o kenzan. 3) el recipiente donde se hará el arreglo floral, que dependerá del estilo elegido.
A la hora de hacer ikebana mejor estar en calma, concentrado y centrado. Desarrollar la sutileza del espíritu, trabajar de corazón a corazón con las flores, una verdadera comunicación entre la flor y el artista.
El arreglo va a ser un reflejo nuestro, a través de él podemos ver como estamos, nos ayuda a interiorizar e ir avanzando, todo en movimiento, estamos ya en el kado o camino de la flores…
MARC MOLL
Es uno de los artes más tradicionales del Japón que se practica desde hace más de 600 años. Se fusionó de la admiración que tenían los japoneses por la naturaleza influenciados por la religión sintoísta y de la introducción del budismo por chinos. Estos últimos tenían la costumbre de ofrecer flores en los altares, de estos arreglos florales de los altares fue derivando al ikebana con el tiempo. En un principio eran centros muy elaborados llamados rika, creando un paisaje con flores erguidas y después los
Tres son los ingredientes “materiales” que hacen falta para hacer un arreglo floral conforme al arte floral japonés o Ikebana: flores, plantas o, si hacemos caso de las escuelas más modernas, cualquier otro elemento que nos sirva de adorno, un recipiente con agua y unas tijeras.
A estos elementos hay que añadir la “espiritualidad” del lugar en el que nos encontremos, de la época del año en la que estemos y, lo más importante, cómo nos sintamos por dentro. Si ya lo tenemos todo, comenzamos a componer nuestro particular ikebana.
“Es arte porque implica una actividad muy creativa; es floral porque se trabaja, principalmente, con materiales florales y plantas y es japonés, porque nació en Japón, país que se hizo con este arte de manos de los monjes budistas procedentes de China, que hacían así sus ofrendas a Buda”, explicó la ponente, señalando que “aunque es un arte ya mucho más moderno, aún conserva, para la enseñanza, los estilos más clásicos”.
Espiritualidad
Se da la circunstancia de que hay muchas escuelas de Ikebana, aunque sólo una, la Ikenobo es la más ancestral y de la que han partido las demás tendencias y variaciones, como la escuela Sogetsu, más vanguardista, que incorpora a los arreglos florales otros materiales, como plantas, plásticos, cristales…
“Desde el momento en el que descubres el Ikebana ya no puedes abandonarlo”, recalcando que esto es así porque “lleva implícita una espiritualidad y un modo de ver las cosas y de situarte tú en un espacio y tus cosas que no de deja indiferente”.
El Ikebana se puede llegar “de tantas formas como personas hay”, desde la fotografía, las obras de arte que nos entrega la naturaleza o la botánica, pasando por el arte de la floristería –“no hay que confundirlo con el Ikebana”.
Incluso, en el desierto, puedes componer ikebana con los materiales que encuentres”,
A estos elementos hay que añadir la “espiritualidad” del lugar en el que nos encontremos, de la época del año en la que estemos y, lo más importante, cómo nos sintamos por dentro. Si ya lo tenemos todo, comenzamos a componer nuestro particular ikebana.
“Es arte porque implica una actividad muy creativa; es floral porque se trabaja, principalmente, con materiales florales y plantas y es japonés, porque nació en Japón, país que se hizo con este arte de manos de los monjes budistas procedentes de China, que hacían así sus ofrendas a Buda”, explicó la ponente, señalando que “aunque es un arte ya mucho más moderno, aún conserva, para la enseñanza, los estilos más clásicos”.
Espiritualidad
Se da la circunstancia de que hay muchas escuelas de Ikebana, aunque sólo una, la Ikenobo es la más ancestral y de la que han partido las demás tendencias y variaciones, como la escuela Sogetsu, más vanguardista, que incorpora a los arreglos florales otros materiales, como plantas, plásticos, cristales…
“Desde el momento en el que descubres el Ikebana ya no puedes abandonarlo”, recalcando que esto es así porque “lleva implícita una espiritualidad y un modo de ver las cosas y de situarte tú en un espacio y tus cosas que no de deja indiferente”.
El Ikebana se puede llegar “de tantas formas como personas hay”, desde la fotografía, las obras de arte que nos entrega la naturaleza o la botánica, pasando por el arte de la floristería –“no hay que confundirlo con el Ikebana”.
Incluso, en el desierto, puedes componer ikebana con los materiales que encuentres”,
Suscribirse a:
Entradas (Atom)








